ABOGADO DE OFICIO

Luis Gutiérrez de Cabiedes Hidalgo de Caviedes · Madrid 

El abogado de la defensa padeció un súbito ataque de estrés. La sala parecía moverse y emborronarse hasta reducirse a una nube de vapor. Los intentos por respirar lo asfixiaban aun más, y en su pecho un tambor africano parecía querer salir danzando bajo la toga. -Es el síndrome del novato. Ése no aguanta en el turno de oficio un mes más, susurró la morena fiscal a su ayudante con una media sonrisa. Era caso ganado. – Señoría, el acusado dice que no desea saber de leyes, que la justicia vendrá por sí misma, si es que la hay en este mundo. Y que sólo hablará con usted. ¿Qué puedo argumentar?, casi imploró en un grito el novel jurista. El magistrado enarcó las cejas y preguntó al convicto: -¿Desea pasar muchos años en prisión? La fiscalía presenta testigos oculares del crimen… El acusado susurró gélido. -Que cometió mi hermano gemelo.

 

 

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