CABALLAS Y ALÁ

Remedios Atencia Montoya · Málaga 

Elíades lanzó el sedal desde su yate. La mañana siguiente se celebraba el pleito del que dependía su patrimonio. Al ratito picó una caballa. Elíades formaba parte de la comisión de una potente empresa que había quebrado, pero su cuenta corriente engrosó a la par que la empresa se consumía en una hoguera, dejando a muchos proveedores sin cobrar. Otra caballa. La clave estaba en ocultar bien el entuerto, pero no lo hizo correctamente; lo acabaron pescando. Abrió una lata de cerveza y picó otra caballa. Puso rumbo a Marruecos. Los años de pesca le habían enseñado a navegar bien. A la mañana siguiente le esperarían todos, incluido su abogado. Con dos millones de euros se abriría un buen caminó en alguna ciudad del Rif. Mientras tanto, para pasar desapercibido, podría sobrevivir un buen tiempo con el mismo menú: caballa asada. “Lo demás lo proveerá Dios… o Alá”.

 

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