Imagen de perfilRobin ‘Juz’

Teresa Angulo Alijarde 

‘¿Abogado de oficio?’ Recuerdo cuando me lo dijiste en aquel bar. ¡Qué chasco! Yo que pensaba que era mi día de suerte, que sin duda debías ser modelo y, además, internacional. Moreno, alto, guapo, con una percha de quitar el hipo y resultó ser que tu prenda más preciada era una rancia túnica negra. Eso sí, para ti era como una capa. Desde pequeño soñabas con hacerte cargo de los más vulnerables e inventaste a Robin ‘Juz’, cambiando bosques por juzgados. Cómo iba a quererte igual, muy a mi pesar. Sin photocalls, ni viajes de lujo, ni chófer, ni barras libres de impronunciables cócteles. Pero hoy te veo cada mañana, con la toga en el brazo y la misma pretensión que cuando te conocí. ‘Dignificar’, me decías. Y me sorprendo queriéndote más. Todavía un poco más. Sonrío perpleja, mojando sin darme cuenta una nueva factura en el café.

 

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