Imagen de perfilSAMANTHA

Juan Manuel Morales Bellido 

Samantha, el ser más exquisito que jamás haya existido. Cuando me asignaron su caso supe que antes de finalizar mi defensa me prendaría sin remedio.
La acusaban de una barbarie imposible para un ángel como ella: asesinato por envenenamiento de su marido, que, dato nada baladí, acumulaba cinco denuncias por malos tratos.
«No hay reforma posible para un individuo de semejante calaña» debió pensar, sin duda, mientras derramaba el tóxico en su copa de vino.
Impulsado por la cláusula del enamoramiento loco, conseguí que la declarasen inocente por falta de pruebas. Y por los ribetes más sagrados de mi toga, estoy absolutamente convencido de que lo era porque alguien tan especial como ella es imposible siquiera que aplaste la hierba al caminar.
Ahora brindamos por la victoria antes de la cena. Recibo ansioso la copa de cava que me ofrece. Exquisito. Noto cierto cosquilleo en el estómago. ¿Serán mariposas?

 

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