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Carolina Navarro Diestre 

En el 016, cuando suena el teléfono, descuelgo yo.
Hola, digo.
Luego, por regla general, sobreviene una sucesión entrecortada de lamentos. Mi audiencia, invariablemente, es un grupo de mujeres que siente que ha tardado demasiado en llamar. Se arrepienten de haber aguantado. El maltrato crea una realidad inveterada donde el dolor se normaliza.
Tranquila, digo.
El teléfono no es un instrumento para postular acciones legales, pero desde él aconsejo a las mujeres los procedimientos lícitos que pueden llevar a cabo. Si será necesaria una investigación. Si requerirán del contacto de algún abogado experto en violencia de género. Si precisarán de ayuda para la conciliación de la vida familiar y laboral, difícil reto que se abre ante ellas a partir de este momento.
Todo saldrá bien, digo.
A menudo es verdad. La mayoría de las veces, de hecho, lo es. La esperanza, es cosa sabida, ayuda a construir sustantividades tangibles.

 

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