Ilustración: Juan Hervás


Los jueces dormimos mejor

Salvador Soler Campos · Elche (Alicante) 

¡Jamás me casaré con un abogado! Es suplicio reservado a sufridores. Y no es que no quiera a mi novio, es que no me deja dormir. Inútil toda concentración, no concilio el sueño y castigo mis pupilas hasta el amanecer. Él no sospecha nada porque duerme como un niño; pero cada noche, a la una, regurgita un «¡con la venia!» que me sobresalta de espanto; y a las tres, resuella un estentóreo «¡¡protesto!!» que me ha ocasionado un disgusto con el presidente de la comunidad. Rendida, a las cuatro, trato de habilitar el sofá-cama del salón, desde donde oigo su escalofriante “¡¡¡no hay más preguntas!!!”. Pero lo intolerable, lo que no puedo soportar, es que al alba, él ya en pie, ofreciéndome café, me susurre con ternura «te quiero señoría». Y lo soy, pero no puedo más y prefiero casarme con un juez. ¡Dormimos mejor!

 

 

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