Imagen de perfilEl deber como abogado

Joaquin Lloréns González 

Nadé, alejándome de la costa. Me sumergí profundo. Me encontré, para mi sorpresa, un juicio en el fondo abisal. Era el interrogatorio de la barrera de coral. Ésta, respondiendo al abogado contrario, se quejaba del vertido de basuras, sosteniendo la imposibilidad de conservar el ecosistema.

La situación me impresionó: al escuchar sus respuestas y ver la suciedad, comprendí la verdadera relevancia de combatir la contaminación, antes por mí ignorada, evitada. Miré al abogado y vi que era yo mismo, en el juicio que tenía después. Defendía a una empresa de pesca acusada de contaminar el agua con sus envases.

Sin parar de pensar en lo que había visto fui al juzgado. Con la primera pregunta vacilé, pero el resto las formulé con la diligencia y determinación con que las había preparado. Acabado el juicio volví a la playa y me uní a unos voluntarios. Desde entonces, ayudo a retirar plástico.

 

+19

 

Queremos saber tu opinión

2 comentarios

  • Obligación y devoción, a pesar de ser términos que suenan similares, no siempre coinciden. Tu protagonista demostró ser un buen abogado, cumpliendo con su obligación de defender al cliente lo mejor que pudo, lo que no quita para que, en su fuero interno y en sus horas libres hiciese lo posible por minimizar el daño que ha hecho la compañía para la que trabajó. A veces la vida nos somete a contradicciones, Lo que puede parecer falta de coherencia no lo es. Hasta el mayor psicópata merece una defensa y que ésta sea un trabajo serio. Otra cosa es que deseemos que el peso de las leyes caiga sobre quien atenta contra todos.
    Un relato para la reflexión sobre la dicotomía profesional y personal, la misma que puede tener un médico que ha de curar a un asesino, por ejemplo.
    Un saludo, Joaquín