Ilustración: Juan Hervás


El juez Cándido

Jesús Fabregat Carrascosa · Conil de la Frontera (Cádiz) 

En el Tribunal de las Letras se juzga hoy a cinco esdrújulas por exceso de soberbia. «Vértigo», «brújula», «vástago», «carámbano» y «jurídico» son acusadas de belleza impropia por la fiscal, una pobre aguda que ni siquiera posee la tilde de consolación. La defensa se apoya en una herencia fonética inquebrantable que eximiría de cualquier pecado a las cinco, mientras la acusación particular, compuesta por el sindicato de átonas descolocadas y la asociación de llanas por convicción, sostiene que nadie debería gozar de una sonoridad tan insultante. Tras horas de deliberaciones y centenares de palabras a favor y en contra, el jurado decreta por unanimidad que la belleza de las acusadas, por impropia que pueda parecer, es genética. Su señoría cierra el caso, ansioso por llegar a casa y cambiar la agudeza de su título por la belleza esdrújula de su nombre de pila.

 

 

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