Ilustración: Juan Hervás


Mala Praxis

Jordi Bolumar Arnó · Vic (Barcelona) 

Empezaba a amanecer cuando el frío del suelo en la mejilla me despertó. La resaca de la fiesta por mi juramento como abogado me embotaba el cerebro. Al principio me costó reconocer mi propio despacho: todo estaba revuelto y el aire olía raro. Recordaba vagamente una pelea y unos gritos de socorro. Al levantarme, vi que detrás del sofá había un tipo con la cara cubierta de sangre y el pelo pegado a un charco rojo oscuro que llegaba hasta mis pies. Una náusea me dobló las rodillas y caí junto al payasito de bronce con el que le había abierto la cabeza. Decidí llamar a papá; a pesar de nuestras diferencias personales confiaba en que, como Juez, pudiera sacarme de aquel lío. Marqué el número de su móvil y, mientras esperaba, en el bolsillo del cadáver empezó a sonar una alegre melodía. El payasito me miraba, sonriente.

 

 

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