Hipocresia previa

Ramiro Eduardo Rea Reyes · Jalisco, México 

Número 113, calle Alamillo, me preparo para el insípido encuentro con mi cliente, no porque odie mi profesión pero los abogados no somos los seres más amados y me temo rondamos los primeros lugares del desprecio (excepto cuando ocupan socorro), solamente superados por los árbitros del fútbol, así que he decidido abandonar mi afabilidad de vendedor primerizo por una presentación helada pero lo suficientemente cordial para lubricar la conversación, no por una especie de juramento hipocrático sino por un mero principio de educación que todavía sale de mi acartonada imagen. Toco el timbre y luego de un momento detrás del portón surge una figura peculiar: parece que carga una resaca enorme, seguramente el infeliz chocó su auto, tuvo alguna rencilla con su esposa o no paga la pensión de sus hijos, que piltrafa de persona, desgraciado, infeliz, egoísta… -Buenos días -Buen día señor Reyes, soy su abogado, ¿puedo pasar?

 

 

 

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