Imagen de perfil«DEBILIDADES LETRADAS»

juan perez morala 

Por cualquier baremo que le midiera un experto psicólogo, el cliente que aquí evoco tenía una estimable inteligencia. Desde su primera consulta ya me dio muestras de su sensatez y claridad de ideas al confiarme su divorcio, poniendo especial énfasis en procurar la custodia compartida de su pequeña Irene. Sus puntos de vista, el ritmo acompasado de sus expresiones, sus convicciones y razones, avalaban también su demanda.

Creo que ni yerro ni me columpio al decir que además tenía un estimable bagaje jurídico, lo que me obligaba a hilar cauto y fino.

Un día empecé a sentir cierto complejo de abogado vicario, cuestionándome si debía pedirle opinión en cada trámite procesal. Sí, estaba algo agobiado. Sólo lo superé al asumir que “agobiado” y “abogado” resuenan en cercana frecuencia y sinonimia.

Confío qué esta confidencialidad no traspase nunca las puertas de mi Ilustre Colegio, ni las de mis menos ilustres compañeros.

 

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6 comentarios

    1. Llevo haciendo este relato mensual desde que empezó el concurso. Sin fallar un sólo día. Escribo en otras fuentes, pero escribir con unas palabras de obligado cumplimiento, y sin pasar de 150 vocablos, agudiza el ingenio. Espero que tú también encuentres satisfacción en esta noble y entretenida actividad. Ojalá que sea así, en cuyo caso me gustaría leerte. Saludos y gracias.

       
  • Es original este pequeño y estupendo relato. En la vida hay «intromisiones» que hay que saber sortear con paciencia y mano izquierda. Pasa en los Parlamentos nacionales, que se atreven casi a juzgar en sus investigaciones para todo, cuando de delitos puede tratarse. Dejad a los Tribunales. Pasa en los Ayuntamientos, también queriendo investigar hechos delictivos, dejad a los Tribunales. Vuestros deberes son legislativos y municipales. Cada uno a lo suyo. Gracias por dos minutos de ingenio y buena pluma. Saludos.

     
  • Hola: bien estructurado, sencillo, claro, gracioso, y exponiendo agudamente uno de los contrasentidos con los que nos encontramos en la profesión de abogado: que alguien quiera dictar nuestro propio modo de ejercer. Y lo mejor, con un humor que calificaría de fino, he ahí lo difícil, cuando apelas a guardar la confidencia de esa «debilidad». Gracias y saludos.