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Manuel de la Peña Garrido 

De verdad te creíste que llegué tan arriba solo por mi talento? ¿Por mi herencia? ¿Porque mis antepasados fueran excelentes profesionales? ¿Por matarme a trabajar, inasequible al desaliento y la fatiga? Ahora conoces la verdad. Aún siento asco. Aquello superó con creces el “derecho a importunarme”, que dirían la Deneuve y las 99. Fui su presa más codiciada. Y hasta sufrí síndrome de Estocolmo. Pero no puedo hacer nada. Litigar sería inútil, una manifiesta pérdida de tiempo. Todo está más que prescrito. Y me falta valor para denunciarlo en las redes. Nadie me creería. Imagínate el panorama, tú que eres jueza. El escándalo en la prensa: “el famoso abogado acusa a la magistrada-estrella de abusos… ella dirigía el prestigioso bufete donde él comenzó su carrera”. Imagínatelo, tú, mi mujer. Y perdóname por habértelo ocultado hasta hoy.

 

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