Imagen de perfil«Mañana»

JOSÉ MIGUEL REVILLA TORRES · MADRID 

Me levanto de mi querida mesa de madera, compañera y fiel confidente durante tantos años, y camino hacia la puerta con el sabor agridulce que me provoca saber que es el último día que ejerzo mi profesión. Quise que me dejaran solo mis compañeros tras las correspondientes felicitaciones y apretones de manos para evitar emociones desmesuradas. Ahora, dos sentimientos contradictorios me asaltan. La satisfacción del deber cumplido y del merecido “descanso del guerrero”; por contra, la decepción y el vértigo de comprobar que todo tiene fecha de caducidad.

― ¿Y mañana qué? ―pienso―. Debe resultar extraño el primer día alejado del bullicio, del teléfono y de las togas con y sin puñetas. Aflojo el nudo de la corbata, el tatuaje al cuello que exhibo desde hace décadas y salgo al rellano. Allí me han dejado una cesta de caramelos y una tarjeta con decidatoria: “Un abogado es siempre abogado”.

 

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