MANUEL MONEDERO GUTIERREZ

Microrrelatos publicados

  • CINCO LOBITOS

    No quería venir, se lo dije a mamá, pero insistió increpándome que ya era mayor para afrontar estas cosas.

    A mi derecha, tres señoras muy serias vestidas de negro. A mi izquierda, otras dos también de negro con cara de circunstancias. Y frente a mí, el que llaman “su señoría” que, cómo no, también va de negro... Bisbiseo a mamá, pegada a mi lado, por qué me vistió de rosa, pero me hace callar.

    Su señoría lee algo de un decreto. Luego me anima a hablar, pero me niego. Persevera con insulsa verborrea... que el dolor es efímero, que me quiere proteger, que haga memoria...

    Empiezo a cantar “cinco lobitos” y mamá me regala un codazo. Canto más fuerte y su señoría le pega al martillo. Opto por taparme los oídos para desgañitarme vociferando la misma canción que susurré cada noche confiando en que papá terminara con aquello cuanto antes.

    | Febrero 2024
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 14

  • EL PIANISTA MÁGICO

    A mi padre le encantaba viajar, especialmente en primavera. Decía que el brotar de las flores revitalizaba su alma. Y no le faltaba razón. Vi gestar sus mejores estrategias procesales en esos viajes que compartíamos en familia.

    Se le conocía como el “letrado poeta” porque explicaba la Ley con exquisita dulzura, tanto en la Universidad como en los juicios que ganaba, uno tras otro, sin aparentes problemas.

    Su visión transversal del Derecho le llevaba a defender cualquier causa, aunque sentía especial debilidad por la protección de los que llamaba “desamparados”, lo que le ocasionaba pleitos contra carteles de droga o empresas inescrupulosas.

    Hace ya un año, unos desalmados sicarios le dejaron en estado vegetativo. Ahora, sigo ganando sus juicios pendientes acatando las instrucciones que me transmite con su única vía de comunicación; el movimiento codificado de sus dedos que domina cual mágico pianista.

    | Abril 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • ALMAS ROBADAS

    Sigue el fiscal con su arenga insoportable. Insiste en que concurren pruebas suficientes para documentar el genocidio y que no queda otro escenario para mí que la prisión perpetua revisable.

    No van a perdonar nada, así que desconecto y decido escribir. Lo hago con letra intencionadamente grande y aplicada para que pueda leerme mi abogado, con quien comparto una maltrecha mesa en la sala del juicio. Hasta hoy, todo mi contacto con él se había limitado a su estéril monólogo tras un vidrio infranqueable.

    Intuyo que me lee. Y escribo. Escribo que quien decía ser mi padre me despertaba ebrio de madrugada y que yo solo quería que terminara cuanto antes. Y me estremezco. Me estremezco recordando a mi madre ignorando aquella abusiva cotidianidad porque bastante tenía con sobrellevar su drogadicción.

    Te rompía mi silencio. Soy un mercenario sin escrúpulos porque me robaron el alma. No busques más motivos, letrado.

    | Febrero 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 7

  • CARTAS CRUZADAS

    CARTA DE ANDREI:

    Hola mamá, ¿qué tal todo por Kiev? Yo llegué bien a Madrid y los abogados de aquí me están ayudando mucho. Me han cedido una oficina y estoy intentando mediar con el Gobierno para conseguir el asilo de algunos compatriotas. Me aseguran que, siendo abogado ucraniano, podré ejercer en España hasta la resolución del conflicto.

    Mamá, no queda otra alternativa. En Madrid estaremos bien. Cuento los días para nuestro reencuentro. Dale un beso gigante a la niña.

    CARTA DE ELENA:

    Queridísimo Andrei, las líneas telefónicas no funcionan y no tengo otra forma de comunicarme contigo. La confrontación cada vez es más cruenta. No hay tregua, ni consenso… esto es un infierno.

    No sé cómo explicarte esto. Intenté detenerla, te juro que lo intenté, pero se arrancó de mi mano para recuperar su pelotita.
    Aquel tanque enorme… ¡Santo Dios! ¡No pude hacer nada, hijo mío!

    | Enero 2023
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • MAX

    Me encanta escribir microrrelatos desde mi terraza. A veces los publican; otras no, pero me encanta. Nunca gano; bueno sí, gano el placer de escribir y de evadirme de demandas, escritos, cláusulas y contratos que también redacto desde aquí.

    Me acompaña un ser especial, un perro precioso. No es mío, sino del vecino del ático de enfrente. Un desalmado que solo se deja ver de tanto en cuanto, momento que aprovecho para increparle que no puede tenerlo así. Me contesta, cuando lo hace, con abruptos ininteligibles.

    Por fin logré finalizar la querella por maltrato animal. Acabaré con esta barbarie. Se lo explico a Max. Tras la última reforma, los animales dejaron de ser cosas para considerarse seres sintientes. Ladra y mueve la cola como si entendiera y reivindicara sus derechos.

    Me levanto y exclamo que ganaré el concurso con este microrrelato. Micciona justo al oírme... bueno, pues igual no.

    | Octubre 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • "THAT'S LIFE"

    El panel anuncia ya mi número. Entro en la consulta y el oncólogo no demora la sentencia. Es maligno y en fase avanzada; con suerte, seis meses de vida. Un golpe bajo justo en mi aniversario de boda.

    Abandono el centro y deambulo noqueado camino de la Cuidad de la Justicia para asistir a un nuevo juicio.

    Ya en Sala, el Fiscal no escatima esfuerzos para acusar con vehemencia a mi cliente por delito de estafa inmobiliaria. Es mi turno. El Juez me pregunta, por segunda vez, si insisto en el sobreseimiento por falta de pruebas.

    Me incorporo, agarro el micrófono y canto “That’s Life” de Frank Sinatra. Mi privilegiada voz favorece que nadie detenga la locura.

    Arranco al acusado del banquillo. Bailo con él. Atónito, se deja llevar hasta ubicarle ante su víctima. Le impelo a arrodillarse. Concluyo mi actuación y abandono la Sala implorando al Juez la condena.

    | Junio 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 16

  • QUINIENTAS CINCUENTA Y SEIS

    No hubo forma de doblegar las armas biológicas de Putin. El legado tras la tercera guerra mundial resulta desolador. Agazapados como animales malvivimos bajo los túneles del metro. Los hurtos y las trifulcas son parte del día a día en la triste carrera por la supervivencia.

    Promuevo un censo de supervivientes que nos lleva semanas de trabajo. Quinientas cincuenta y seis almas... desvalidas, recelosas y con la moral por los suelos. Tras el censo, creamos un grupo que denominamos “comité de la esperanza”. De entre ellos, solo yo soy abogado.

    Redactamos unas normas de convivencia obligatorias que difundimos como buenamente podemos. Me designan juez del nuevo tribunal único para dirimir controversias. Sentencias en vista oral que serán irrecurribles.

    Primer caso resuelto. La reyerta por la lata de sardinas se resuelve con un perdón y un dulce abrazo que se entremezcla con lágrimas de desesperación. Volver a empezar.

    | Abril 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 12

  • PULGARCITO

    Laura creció muñendo vacas y esquilando ovejas. Nadie le preguntó, ni tampoco rechistaba. Así lo hicieron sus padres, sus abuelos, sus tatarabuelos... y ella debía preservar el negocio.

    En su pueblo, Don Eustaquio monopolizaba el tejido empresarial. Sus fábricas peleteras procuraban empleo a toda la población. Reducía así el riesgo de denuncia sobre los visibles vertidos que dejaban las aguas del río impracticables, también para los animales de la granja.

    Por las noches, Laura leía cuentos a Lucas, su hermano pequeño. Tras dejarle dormido, relevaba la literatura infantil por su pasión; las novelas sobre abogados. Con el paso del tiempo, renovó la ficción por leyes y manuales jurídicos que devoraba a la luz de un candil.

    Hoy Laura cumple cincuenta años y estrena su toga. Juicio medioambiental contra Don Eustaquio. Entre decretos y apuntes tropieza con el maltrecho cuento de Pulgarcito. Lo abre y sonríe al leer: “¡Suerte, hermanita!”.

    | Octubre 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 21

  • VEINTIUNO

    Entro en la ciudad judicial. Prisas, estrés, nervios… tal como lo imaginé. Ya en la sala de togas la administrativa me pide acreditación, por seguridad dice... Intercambiamos carnet por toga.

    Me la pongo con parsimonia. Cierro los ojos. Me abrazo. Solo yo sé lo que me ha costado; como a todos, imagino. Rompe el momento la susodicha que sale a achucharme. No hacía falta, pienso.

    Me ubico en la sala. Los abogados contrarios dialogan con el Juez. Consulta urgente al Colegio de Abogados. Aprovecho así para repasar y fortalecer mi discurso. La multinacional es poderosa pero asumí la responsabilidad del caso.

    Se acaba el juicio. Los mismos letrados que me cuestionaban, parecen ahora felicitarme. Hablan de diversidad y no sé qué más. Se llama "condescendencia" que asumo resignado.

    Meses después, titulares en prensa. No sé si por uno u otro motivo: “Abogado con síndrome de Down gana juicio por emisiones”.

    | Agosto 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 11

  • EL BAILE DE LOS PATOS

    - ¿Otra vez con la bromita del pato, Daniel?
    - No mamá, es una mascarilla y tú también debes ponértela.
    - Está bien, si no queda otra alternativa, ¡bailaremos como dos patos!
    - A tus años, ¡de dónde sacarás tanta energía!
    - Es natural hijo, ya me conoces… Venga, agárrame fuerte y cuéntame otra de tus batallitas.

    Y se la cuento. Susurrada al oído. Asequible a su ancianidad. Y bailamos. Eternizando el momento que se nos va de las manos. Y la improviso. Una nueva batalla judicial de la que salgo airoso en imaginarios Tribunales. Retirada en aquel geriátrico procuro así renovar la ilusión de la otrora brillante penalista, fantaseando el hijo letrado que siempre anheló.

    Días después… toda su vida en una maleta y sobre ella una cuidada libreta. La abro y hojeo perplejo mis susurradas historias manuscritas con exquisita caligrafía. Y su última dedicatoria: “orgullosa de mi charcutero”.

    | Abril 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 36

  • Dos metros

    Espero mi turno en la comisaría como abogado de oficio de un infeliz encausado por hurto menor. Frente a mí, un senegalés muerto de hambre y con evidentes síntomas de lipotimia, espera también su turno desprovisto de recurso alguno, tras alcanzar la costa en una frágil patera.

    Observando al inmigrante, le intuyo lágrimas que resbalan por sus mejillas confundidas con su propio sudor. Hijo de un país sin esperanza de crecimiento y sin suministro básico alguno, sucumbo en asfixiantes reflexiones: dos metros distan entre la más cruel de las desdichas y mi privilegiada posición.

    Con dispar motivación empatizan mis escalofríos con los suyos cuando irrumpe en la estancia un policía reclamándole. Decido entonces proteger su defensa presentándome como su improvisado abogado.

    Tras asistirle en sus derechos, abandonamos juntos la sala, al tiempo que entrelaza mi mano con inusitada presión; quizás agradecido o tal vez anhelando desesperadamente intercambiar nuestras existencias.

    | Febrero 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 44