JUAN PEDRO AGÜERA ORTEGA

Microrrelatos publicados

  • Un testimonio incómodo

    La cola de embarque parece eterna. Después de tres años con el visado caducado, me obligan a regresar. Jamás pensé que me expulsarían, queda tanto por hacer en el campo de refugiados, pero un abogado occidental resulta molesto para las autoridades. Prefieren que no haya testigos de su genocidio encubierto: un formato simple y eficaz para reducir población extranjera, la hambruna.
    El encendido de los motores constata lo inevitable. Saco de mi maletín la agenda que no volveré a repasar. Entre sus páginas, los casos pendientes: las peticiones de asilo de Yamir, Gnime, Yulema y tantos otros; las citas en las diferentes embajadas, los recursos en trámite contra cada solicitud denegada...
    Mi vuelta resulta amarga, siento como si los abandonara, pero no pienso resignarme. Por poco interesante que les parezca, inundaré las redes con todo el material gráfico recopilado y conseguiré que Europa deje de mirar hacia otro lado.

    | Septiembre 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 3

  • Insomnio

    La luna distante me acompañaba tras la ventana aquella noche insomne. Debía programar bien la defensa ante el juez, seleccionar el artículo preciso que evitase la extradición de Omar, el réquiem anticipado de un sueño sisífico.
    El alba ilumina las últimas líneas de mi alegato, ideado para apelar a la humanidad del juez. Mis palabras intentan ser un reflejo manifiesto y conmovedor del intenso dolor padecido por Omar, de la angustia soportada durante el infinito trayecto desde África Central, de la incertidumbre ante un océano hostil y del profundo sufrimiento producido por aquella nefasta ola, que sepultó para siempre a su hermano en la inmensidad del mar.
    A veces, la justicia también puede ser compasiva.

    | Agosto 2022
     Participante

  • Vacío legal

    Suleima cruzó el umbral del despacho abrazada a su hijo Salim. Intentaba proteger al bebé del frío matutino con una gruesa manta. Tras nueve meses, el Estado español les expulsaba del centro de acogida para refugiados donde vivían. Leí la notificación legal, revisé el sobre y sonreí. El mismo defecto de forma de siempre. La traductora de la ONG le explicó la situación y el rostro de Suleima se iluminó de alegría. Redactamos la alegación y concertamos una cita para presentarla en el juzgado. Suleima se despidió con una agradable colección de agasajos en árabe, algo que no cesaba de oír desde que descubrí aquel vacío legal para la ONG que me contrató. No era la solución más ortodoxa pero, con la «involuntaria connivencia» de la parsimoniosa justicia española, garantizaba un par de años más de asilo para quienes quedaban desamparados. Tiempo suficiente para conseguir el permiso de residencia.

    | Julio 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • Vidas truncadas

    El día era lluvioso. Caminé entre charcos, el barro era mi menor preocupación. Me dirigí a mi improvisada oficina: un pequeño toldo sobre paredes de chapa que apenas me aislaban de las inclemencias del campamento.
    Mis representados me esperaban a la entrada. Una larga cola de refugiados a los que ayudaba a inscribir y cursar su solicitud de asilo en España. Sus miradas, lejanas, acunaban recuerdos de vidas truncadas: la mina que amputó la pierna de Kikey; la violación de Alika por paramilitares nigerianos; Zareb, el niño soldado que huyó del Congo; Inaya...
    Inaya llevaba a Jasira, su última hija, de la mano. La niña dejó una flor violeta sobre mi destartalada mesa, ese ápice color en aquel mundo gris me despertó una sonrisa, aunque se me hizo un nudo en el estómago cuando les entregué el pronunciamiento del juez y vi desvanecerse la esperanza en sus ojos.

    | Mayo 2022
     Finalista
     Votos recibidos por la Comunidad: 1

  • El juego

    Disfruto compartiendo mi legado con las jóvenes pasantes de mi bufete. Recién salidas de la carrera, pululan por la oficina como un animal asustado. A primera vista parecen tímidas, pero no me engañan: ávidas de triunfo, sueñan con grandes casos y están dispuestas a todo para conseguir el éxito. ¡Bien lo sé yo!
    El juego suele comenzar con una dulce mezcla de miradas y sonrisas, una predisposición infinita y unas ganas de agradar que atraviesan la cristalera de mi despacho. Después, se hacen las encontradizas, hasta que escojo una para que me asista en un caso. Le exijo lo indecible, la exprimo hasta el ensañamiento y, cuando el juicio se acerca, la invito a cenar.
    Durante la velada, su intento de seducción me divierte, hasta que la incauta comprende que su jefa solo la estaba poniendo a prueba, que los atajos solo desaprovechan oportunidades... y el juego vuelve a empezar.

    | Abril 2022
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 4

  • La economía verde

    Dejó los documentos sobre la mesa y se acercó a la ventana. La brisa marina se adentró en sus orificios nasales, evocándole recuerdos de la infancia. El embrujo se evaporó cuando el fétido tufillo del Mar Menor sustituyó la aromática corriente. Cerró la ventana y reanudó el estudio del caso. Los ecologistas demandaban a sus representados, la Confederación de Regantes, por atentado medioambiental. Empecinados en la conservación del ecosistema, buscaban promover el futuro del Campo de Cartagena basándose en un cambio de modelo: la economía verde.
    Por paradójico que pareciera, sus clientes llevaban años tergiversando ese término hasta convertirlo en sinónimo de riqueza: la generada por las toneladas de hortalizas que producían anualmente.
    Revisó la demanda y sonrió complacido: carecía de fundamento. Básicamente, los acusaban de abonar y regar los campos. Ningún juez estimaría algo tan grotesco, por mucho que justificasen su contribución al implacable deterioro de la laguna salada.

    | Septiembre 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 6

  • El dilema

    Como abogado de la empresa más potente de la industria automovilística me enfrentaba a un duro dilema. Mi asesoramiento era crucial para determinar la viabilidad de la obsoleta planta de España. De mi dictamen sobre el coste de las demandas por despido dependería la subsistencia de la fábrica. La corporación dudaba si invertir en la elaboración de un nuevo vehículo eléctrico, realizando un costoso proceso de adaptación, o cerrar la factoría y llevar la producción a países en desarrollo, donde reducirían costes y el cuidado del medio ambiente sería irrelevante.
    Con la última reforma laboral española, la decisión estaba clara. Sin embargo, tendría sobre mi conciencia arruinar la vida de tres mil familias. Bueno..., encontrarían otros trabajos y mi prima sería suculenta.
    Solo comprendí mi error una vez completados los despidos, cuando me sustituyeron por un bufete indio mucho más barato y especializado en la nueva localización de la entidad.

    | Mayo 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 8

  • El plan

    Aquel extenso terreno había sido catalogado como urbano. Si vendía las tierras de su familia, sería millonario. Allí solo estaba la ruinosa vivienda de su abuela, sin apenas valor material. Pese a ello, rechazó la opulenta oferta. Eran sus raíces, su infancia, y no quería perder el último lazo con su familia.
    Salió al porche y miró a los campos donde la multinacional pretendía construir una urbanización de lujo y un campo de golf. ¡Golf, en aquel secarral! Una completa aberración ecológica.
    Los demás cedieron a las presiones, pero él era resiliente, tenía un plan, pensó mirando las jaulas.
    Contactó con su abogado. La documentación era correcta. La demanda estaba en curso. En cuanto el juzgado iniciase las instrucciones, las liberaría. Cuando los técnicos medioambientales detectasen aquella incipiente población de aves en peligro de extinción, ni la corrupción del ayuntamiento podría impedir que aquel paraje se convirtiese en zona protegida.

    | Marzo 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • La sentencia

    ¡Inocente! Dictaminó el juez.
    Sus puños se cerraron con júbilo. Sus clientes lo felicitaron. La empresa quedaba exonerada de toda culpa ante el terrible suceso. Se podía exigir a una empresa dedicada a la salud que custodiase el acceso a su principal centro de investigación sobre «Neobiología Experimental», pero no responsabilizarla de los daños sufridos por quienes burlaban su vigilancia. Vigilar no era proteger, como argumentó en su alegato final.
    Al abandonar la sala, el padre de uno de los menores de edad afectados se abalanzó sobre él, todo ira y odio. Aunque fue desalojado, su escupitajo le alcanzó en el rostro.
    De noche, estaba relatando a su esposa lo sucedido, cuando sintió un extraño cosquilleo en la nariz. Estornudó y el rostro de su mujer se cubrió de espanto. Se alejó aterrorizada, mientras unos finos tentáculos regresaban a las fosas nasales de su marido. Al parecer, sí era contagioso.

    | Octubre 2020
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 11