JUAN PEDRO AGÜERA ORTEGA

Microrrelatos publicados

  • El dilema

    Como abogado de la empresa más potente de la industria automovilística me enfrentaba a un duro dilema. Mi asesoramiento era crucial para determinar la viabilidad de la obsoleta planta de España. De mi dictamen sobre el coste de las demandas por despido dependería la subsistencia de la fábrica. La corporación dudaba si invertir en la elaboración de un nuevo vehículo eléctrico, realizando un costoso proceso de adaptación, o cerrar la factoría y llevar la producción a países en desarrollo, donde reducirían costes y el cuidado del medio ambiente sería irrelevante.
    Con la última reforma laboral española, la decisión estaba clara. Sin embargo, tendría sobre mi conciencia arruinar la vida de tres mil familias. Bueno..., encontrarían otros trabajos y mi prima sería suculenta.
    Solo comprendí mi error una vez completados los despidos, cuando me sustituyeron por un bufete indio mucho más barato y especializado en la nueva localización de la entidad.

    | Mayo 2021
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  • El plan

    Aquel extenso terreno había sido catalogado como urbano. Si vendía las tierras de su familia, sería millonario. Allí solo estaba la ruinosa vivienda de su abuela, sin apenas valor material. Pese a ello, rechazó la opulenta oferta. Eran sus raíces, su infancia, y no quería perder el último lazo con su familia.
    Salió al porche y miró a los campos donde la multinacional pretendía construir una urbanización de lujo y un campo de golf. ¡Golf, en aquel secarral! Una completa aberración ecológica.
    Los demás cedieron a las presiones, pero él era resiliente, tenía un plan, pensó mirando las jaulas.
    Contactó con su abogado. La documentación era correcta. La demanda estaba en curso. En cuanto el juzgado iniciase las instrucciones, las liberaría. Cuando los técnicos medioambientales detectasen aquella incipiente población de aves en peligro de extinción, ni la corrupción del ayuntamiento podría impedir que aquel paraje se convirtiese en zona protegida.

    | Marzo 2021
     Participante
     Votos recibidos por la Comunidad: 9

  • La sentencia

    ¡Inocente! Dictaminó el juez.
    Sus puños se cerraron con júbilo. Sus clientes lo felicitaron. La empresa quedaba exonerada de toda culpa ante el terrible suceso. Se podía exigir a una empresa dedicada a la salud que custodiase el acceso a su principal centro de investigación sobre «Neobiología Experimental», pero no responsabilizarla de los daños sufridos por quienes burlaban su vigilancia. Vigilar no era proteger, como argumentó en su alegato final.
    Al abandonar la sala, el padre de uno de los menores de edad afectados se abalanzó sobre él, todo ira y odio. Aunque fue desalojado, su escupitajo le alcanzó en el rostro.
    De noche, estaba relatando a su esposa lo sucedido, cuando sintió un extraño cosquilleo en la nariz. Estornudó y el rostro de su mujer se cubrió de espanto. Se alejó aterrorizada, mientras unos finos tentáculos regresaban a las fosas nasales de su marido. Al parecer, sí era contagioso.

    | Octubre 2020
     Participante
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