Diego Cano-Lasso Pintos

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    El que lea «Letrado en el frente», relato SELECCIONADO y «María Paula», relato NO SELECCIONADO podrá darse cuenta de que, por razones objetivas obvias, el jurado se descalifica a sí mismo. Lo digo yo, autor del segundo relato NO seleccionado y muy orgulloso de que este ostracismo se extienda a otros treinta y cuatro más, sin fallar en una sola presentación desde hace más de 3 años. Ahí van los dos relatos:
    LETRADO EN EL FRENTE
    En guerra civil, tras un pronunciamiento, mi país se desangraba. Contra mi voluntad, fui movilizado al frente en el bando rebelde, que ocupaba mi provincia y cuya ideología no compartía. No me tuve que inscribir, ni pensaba hacerlo; la autoridad militar decidió por mí. Dejaba mi bufete y una prometedora carrera en la abogacía. Y un día lluvioso me vi por primera vez en una trinchera. La lluvia arrastraba mis lágrimas, pero no mis ideas. Al tercer día caí herido, me trasladaron al hospital de campaña y, por la gravedad, acabé en la retaguardia. Una suerte, a fin de cuentas; ya no tenía que disparar contra mis hermanos. Clasificado como soldado mutilado, tuve arrestos para atravesar la frontera y hallé asilo en el país vecino. Aquí ejerzo como abogado desde hace años, los mismos que en mi patria gobiernan los sublevados. Pero algún día volveré; portando una flor, no un fusil.

    MARÍA PAULA
    Mi bufete, de derecho internacional, me envió a Mariúpol para resolver conflictos por contrataciones de acero de diversos países. De repente, me pilló la invasión rusa. Un panorama dantesco de muertos en las calles, con bombardeos y destrucción masiva de edificios, convirtió en Apocalipsis mi vida feliz de recién licenciado en leyes y con destino. Poco importaba ya la metalurgia o inscribir en el registro el cupo de cada carguero, que dejó de fondear el mar de Azov. Toda mi atención fue tratar de salvar el pellejo. Un día lluvioso, en tareas de salvamento había una joven feucha que ayudaba a mutilados moribundos bajo los escombros. Su ejemplo me dio fuerzas y más cuando supe que era compatriota. El pronunciamiento de paz lo celebramos con un largo beso, como en el fin de algunas películas. En cada aniversario, le regalo una flor que a escondidas corto del parterre del asilo.